No necesitas tener ganas de practicar piano

Estoy leyendo The War of Art, de Steven Pressfield.

No es un libro sobre piano.

Ni siquiera es un libro sobre música.

Pero hay una idea que llevo varios días relacionando con lo que ocurre cuando intentamos aprender a tocar un instrumento.

Pressfield habla constantemente de algo que llama la Resistencia.

Es esa fuerza que aparece justo cuando tenemos que hacer algo que sabemos que deberíamos hacer.

Hoy estoy cansado.

Mañana tendré más tiempo.

Ahora no merece la pena porque solo tengo veinte minutos.

Hoy no estoy concentrado.

Cuando termine esta semana me pongo en serio.

Creo que todos conocemos bastante bien esa voz.

Y con el piano aparece constantemente.

Esperar a tener ganas

Hay días en los que apetece tocar.

Te sientas al piano, empiezas y podrías estar una hora sin darte cuenta.

El problema son los otros días.

Los normales.

Aquellos en los que llegas cansado, tienes otras cosas que hacer o simplemente no te apetece demasiado.

Y creo que uno de los errores que cometemos es esperar a estar motivados para practicar.

Porque si dependes de las ganas, vas a tocar mucho algunos días y muy poco durante largas temporadas.

Pressfield insiste en una idea que me parece mucho más útil:

Aparecer.

Sentarte a trabajar aunque ese día no sea especialmente bueno.

No hace falta que hoy hagas algo increíble

Esto también es importante.

Sentarse al piano no significa que cada sesión tenga que ser fantástica.

Puede que hoy solo estudies diez minutos.

Puede que repases dos compases.

Puede que una escala salga peor que ayer.

No pasa nada.

Lo importante es que has vuelto.

Y mañana puedes volver otra vez.

Cuando llevas años enseñando piano ves una cosa con bastante claridad.

El progreso raramente llega por una sesión extraordinaria.

Llega por la acumulación de cientos de sesiones bastante normales.

Diez minutos hoy.

Veinte mañana.

Media hora otro día.

Una semana buena.

Otra no tanto.

Pero sigues apareciendo.

Y, casi sin darte cuenta, unos meses después eres capaz de hacer cosas que antes parecían imposibles.

Hay algo incluso mejor que la motivación

La motivación está muy bien.

Pero aparece y desaparece.

Un hábito es bastante más fiable.

Si cada vez que tienes un rato libre tienes que decidir si hoy vas a practicar o no, estás negociando constantemente contigo mismo.

Y la Resistencia tiene muchas oportunidades de ganar.

En cambio, cuando practicar forma parte de tu rutina, hay mucho menos que decidir.

Te sientas.

Abres la partitura.

Y empiezas.

Aunque solo sean unos minutos.

Un libro que no habla de piano, pero puede ayudarte con él

The War of Art no está escrito para pianistas.

Steven Pressfield habla principalmente del trabajo creativo, de escribir, de crear y de todas las excusas que somos capaces de encontrar para no hacer aquello que queremos hacer.

Pero precisamente por eso creo que puede resultar interesante para alguien que está aprendiendo piano.

Porque muchas veces el problema no es saber qué nota tocar.

Es conseguir sentarte.

Y volver al día siguiente.

Estoy todavía leyéndolo y hay algunas partes con las que conecto más que con otras.

Pero esta idea se me ha quedado:

No necesitas hacer hoy algo extraordinario.

Necesitas aparecer.

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